miércoles, 14 de mayo de 2014

Todos, todos mienten.

Todos los cretenses son unos mentirosos.
     Gran cita paradójica del griego Epiménides de Cnosos, quien, como indica su apellido, era cretense (Cnosos fue la ciudad más importante de la civilización minoica). ¿Qué podemos entender de esta famosa frase? Absolutamente nada. Si, como dice esta frase, todos los cretenses son unos mentirosos, entonces Epiménides miente, y los cretenses no son para nada unos mentirosos, incluyéndolo a él, quien dice ahora la verdad, es decir... que los cretenses son unos mentiros. Pero esto indica que Epiménides miente, y los cretenses no son para nada unos mentirosos, incluyéndolo a él, quien dice ahora la verdad, es decir... que los cretenses son unos mentirosos. Pero esto indica que Epiménides miente, y los cretenses no son para nada unos mentirosos, incluyéndolo a él, quien dice ahora la verdad...

     Podría seguir, pero quiero pensar que ya lo habéis entendido. Nos encontramos ante un buen ejemplo de paradoja, del latín paradoxum (para = contrario, opuesto + doxa = opinión, argumento), esto es, una expresión que aparenta ser verdadera, pero que nos lleva a una deducción equivocada.

     Otros ejemplos de paradojas clásicas:


  • La paradoja de la flecha caminante (Zenón): Disparamos una flecha. La flecha se desplaza... ¿o no? Si observamos la flecha en un diminutísimo instante lo suficientemente pequeño, esta se encontrará en absoluto reposo. E igualmente en todos los instantes anteriores y posteriores. Es decir, la flecha se halla en reposo en todo momento y, por tanto, no existe movimiento.
  • La dicotomía (Zenón): Te encuentras a ocho metros de un árbol, y lanzas una piedra con intención de acertarle a dicho árbol. Es evidente que la piedra tarda un cierto tiempo en recorrer la mitad de la distancia que os separa. Una vez ahí, le quedan cuatro metros, pero de nuevo le toma cierto tiempo recorrer la mitad de esos cuatro metros. E igualmente le tomará tiempo recorrer un metro, medio metro, un cuarto de metro... Con lo que la piedra nunca llegará a tocar el árbol. Incluso se puede decir que la piedra no se soltará de tu mano.
  • El barco de Teseo (recogida por Plutarco): Al regreso del triunfal Teseo de la isla de Creta, los atenienses decidieron conservar el barco en el que éste volvió a casa. Para ello, poco a poco sustituían los tablones que envejecían por otros nuevos y más resistentes, pero... una vez cambiados, uno a uno, todos los tablones, ¿seguía siendo el barco de Teseo? Y si, además, con todos los tablones viejos y desgastados se reconstruyera el mismo barco, ¿cuál de los dos sería el barco de Teseo, de serlo alguno?
     Muchas, muchísimas otras expresiones y situaciones nos llevan a devanarnos los sesos buscando soluciones que, en muchos casos, ni tan siquiera pueden existir (en este nuestro Universo). Hay tantas paradojas que no tengo vida para explicároslas (ni vosotros ganas de leerlas), así que voy a ir dando esta entrada por terminada. Pero antes...

     Si el campesino que labra el campo, es un labrador, entonces, el que tiene ese mismo campo, es un... ¿tenedor?
Foto de perfil en Facebook del dueño del campo.

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