Sé que todos
conocéis y podéis narrar con pelos y señales el mito de Eurídice pero, por si
acaso, os lo voy a refrescar:
Orfeo, del que se
dice era hijo de Eagro, rey de Tracia, y de la musa Calíope, se mostraba
diestro en el arte de tocar la lira. Estaba casado (no en Santo Matrimonio,
pues no existía aún el cristianismo, pero vamos, casado al fin y al cabo) con
Eurídice, una musa auloníade (del griego clásico αύλών - aulon,
"valle". Se las encontraba en los pastos de valles y montañas), a la
cual enamoró con su lira.
Pues bien, parece
ser que hallábase la susodicha Eurídice dando un paseo cuando Aristeo, un
pastor no muy amigo de Orfeo, quiso raptarla para, ejem, hacerla suya y eso. En
su frenética huida, la joven Eurídice sufrió un trágico accidente: pisó por
descuido una víbora, la cual, enrabietada, le asestó un mordisco letal.
Tras enterarse
Orfeo de tal infortunio, comenzó a tocar con su lira tan triste melodía que los
dioses, apenados, le aconsejaron descender al Hades en busca de su amada.
Convencido el barquero también por sus tristes cadencias, le permitió cruzar el
río Aqueronte y, una vez frente a Hades y Perséfone, nuevamente se sirvió de su
música para ablandar sus corazones.
Entonces,
prosigue la leyenda, Hades le permitió regresar con Eurídice al mundo de los
vivos con una condición: que durante absolutamente todo el viaje él fuera
delante de ella, y por nada del mundo (o, más bien, del inframundo) mirase
atrás hasta haber llegado a la superficie y los rayos del sol hubieran bañado a
la mujer. Y así lo hizo durante todo el trayecto, no volviéndose ni tan si
quiera para comprobar que Eurídice estuviera bien tras correr cualquier
peligro.
Una vez hubo
regresado Orfeo, presa de la desesperación, se volvió para ver a su amada, con
tal mala suerte de que ella aún no había sido completamente bañada por el sol,
y se desvaneció al instante, esta vez para siempre.
¿Qué erreflexiones podemos obtener de este mito?
Es importante
cuidar lo que se tiene. Nos cuesta trabajo y dedicación conseguir nuestros
bienes, nuestras pertenencias. Conlleva un esfuerzo enamorar a una persona y
mantener vivo ese amor día a día, y es lógico que nos preocupemos por
mantenerlo. Pero es importante que el miedo a perder algo no nos impida
disfrutarlo. No podemos permitir que, por volver la vista atrás como Orfeo, perdamos
lo que más queremos (METÁFORA, no tengáis miedo de girar la cabeza).
Es normal, por
ejemplo, sentir celos. Yo siento celos, como todo el mundo. Tenemos miedo de
perder a esa persona tan especial para nosotros. Tememos que alguien se de
cuenta como hemos hecho nosotros de lo maravillosa que es. Es completamente
normal, nos preocupamos por lo que es "nuestro" (entre comillas
porque las personas no son posesiones, si deciden irse, se van). Pero ese miedo
no puede impedirnos disfrutar de esas personas. Que los celos absurdos, porque
muchas veces lo son, no cieguen ese amor, esa afinidad o esa atracción mutua,
como queráis llamarlo.
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