Del griego εὐθανασία
[εὖ - eu (‘bueno’) y θάνατος - tánatos (‘muerte’)], "eutanasia" viene
a significar "el buen morir". Se trata de la acción de provocar o adelantar
la muerte de una persona que ya va camino de ésta para poner fin a su
sufrimiento. Algo así como un asesinato con buenas intenciones para la víctima;
un asesinato permitido legalmente en determinados países.
Muchos mantienen
en contra de esta ley el argumento de que "todo ser humano tiene derecho a
la vida". Y yo me pregunto, ¿no da esto, pues, derecho a quitársela? Al
fin y al cabo, la vida de cada uno es, como bien he dicho, de cada uno y, sin
un fin determinado, ¿hacia dónde encaminar los medios? Si podemos vender
nuestra casa, nuestro coche, nuestro móvil; si podemos decidir libremente lo
que les sucede a nuestras posesiones, ¿por qué no ocurre igual con nuestra
vida?
Quiero poner de
manifiesto que yo aprecio mi vida, antes de que algún fanático de John Kramer
(Jigsaw) se decida a ponerme a prueba en algún tipo de puzzle. Pero yo gozo,
por ahora, de buena salud. Tengo amigos. Tengo familia. ¿Qué hay de aquellos
que no tienen nada de esto? Pongamos un ejemplo:
Buenas tardes.
Mi nombre es Nando Rodríguez. A día de
hoy, se cumplen ya dos años desde que se me diagnosticó un severo cáncer. Me
espera un final trágico. Vivo con este dolor físico, y con otro peor: mi mujer
y mi único hijo murieron hace unos meses en un accidente de tráfico. Estoy
solo, no tengo a nadie que se ocupe de mis no pocas necesidades. He
reflexionado mucho, muchísimo acerca de por qué seguir viviendo y,
sinceramente, no hallo demasiadas razones. Mi doctor y mi psicólogo insisten en
"las cosas bonitas de la vida": los atardeceres de verano con alguna
que otra nube que toma un tono anaranjado. Las risas de los niños jugando en
los parques. La brisa marina, los amigos, incluso el olor a coche nuevo. Todas
esas cosas por las que, dicen, merece la pena vivir.
Pero no para mí. A mi entender, me falta
el abrazo de mi esposa ante esos eternos y cobrizos atardeceres. No encuentro
entre todas esas risas la que siempre destacaba: la de mi hijo. El propio
cáncer me ha deteriorado incluso el sentido del olfato. ¿A qué huelen ahora las
brisas marinas? ¿Y los coches nuevos? Y mis amigos, poco a poco, me van
dejando. En cierto modo, les entiendo. No debe de ser agradable ver morir a un
amigo. Probablemente yo no fuera capaz de sujetarle la mano a mi mejor amigo
mientras él se retuerce de dolor postrado en una camilla de hospital.
Preferiría disfrutar de mi familia, en mi casa, obviando mi impotencia.
Por todo esto, y puesto que ya he vivido
mi vida, ¿no tengo derecho a mi muerte? Pero a una muerte tranquila, durmiendo,
o quizá viendo por última vez mi película favorita. Podría sonar de fondo algún
tema de Jimmy Hendrix. El tema "Thank you for loving me (al pie de
entrada)" de Bon Jovi también sería apropiado. No quiero, no aguanto, no
puedo seguir padeciendo en silencio esta espera. Quiero conocer ya al joven Joe Black, quiero reencontrarme, si existe algo más allá, con Amanda y con Miguel.
Quiero morir lo que me queda de vida.
Solo, terminal,
desolado... No digo para nada que todas las personas que se encuentren en esta
situación tengan que morir. Puede que otras sepan disfrutar lo que les queda de
vida. Pero, ¿no es lo más justo que sea cada uno el que decida? ¿Por qué la
familia tiene mayor potencial de decisión sobre si la vida de un hijo, un padre
o un hermano continúa o toca a su fin? Al fin y al cabo, la decisión de retirar
o no el "soporte vital" de un paciente en coma reside en los
familiares. Mi madre puede decidir si vivo o muero en una situación extrema,
¿pero yo no, suponiendo que me mantenga consciente?
De una u otra
forma, esto es cosa de cada uno (al igual que la decisión, llegado el caso).
Afortunadamente, yo puedo disfrutar de una vida larga si algún ente superior
omnipotente me lo permite. Aquellos que tenéis asignada una "fecha de
consumo preferente", contad con mi absoluto apoyo moral si decidís luchar
y vivir hasta el final. Si, por el contrario, preferís ahorraros la agonía, es
probable, teniendo en cuenta que sin muerte, no hay vida, que vuestro país o
Estado os niegue vuestro derecho a la vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Procura ser respetuoso; se puede discutir sin necesidad de usar mayúsculas u ofender.
Cualquier crítica (constructiva) será aceptada y bienvenida.
¿Alguna idea para próximas entradas? Se agradecen.