viernes, 16 de mayo de 2014

Morir lo que me queda de vida.

     Del griego εὐθανασία [εὖ - eu (‘bueno’) y θάνατος - tánatos (‘muerte’)], "eutanasia" viene a significar "el buen morir". Se trata de la acción de provocar o adelantar la muerte de una persona que ya va camino de ésta para poner fin a su sufrimiento. Algo así como un asesinato con buenas intenciones para la víctima; un asesinato permitido legalmente en determinados países.


     Muchos mantienen en contra de esta ley el argumento de que "todo ser humano tiene derecho a la vida". Y yo me pregunto, ¿no da esto, pues, derecho a quitársela? Al fin y al cabo, la vida de cada uno es, como bien he dicho, de cada uno y, sin un fin determinado, ¿hacia dónde encaminar los medios? Si podemos vender nuestra casa, nuestro coche, nuestro móvil; si podemos decidir libremente lo que les sucede a nuestras posesiones, ¿por qué no ocurre igual con nuestra vida?

     Quiero poner de manifiesto que yo aprecio mi vida, antes de que algún fanático de John Kramer (Jigsaw) se decida a ponerme a prueba en algún tipo de puzzle. Pero yo gozo, por ahora, de buena salud. Tengo amigos. Tengo familia. ¿Qué hay de aquellos que no tienen nada de esto? Pongamos un ejemplo:

     Buenas tardes.
     Mi nombre es Nando Rodríguez. A día de hoy, se cumplen ya dos años desde que se me diagnosticó un severo cáncer. Me espera un final trágico. Vivo con este dolor físico, y con otro peor: mi mujer y mi único hijo murieron hace unos meses en un accidente de tráfico. Estoy solo, no tengo a nadie que se ocupe de mis no pocas necesidades. He reflexionado mucho, muchísimo acerca de por qué seguir viviendo y, sinceramente, no hallo demasiadas razones. Mi doctor y mi psicólogo insisten en "las cosas bonitas de la vida": los atardeceres de verano con alguna que otra nube que toma un tono anaranjado. Las risas de los niños jugando en los parques. La brisa marina, los amigos, incluso el olor a coche nuevo. Todas esas cosas por las que, dicen, merece la pena vivir.

     Pero no para mí. A mi entender, me falta el abrazo de mi esposa ante esos eternos y cobrizos atardeceres. No encuentro entre todas esas risas la que siempre destacaba: la de mi hijo. El propio cáncer me ha deteriorado incluso el sentido del olfato. ¿A qué huelen ahora las brisas marinas? ¿Y los coches nuevos? Y mis amigos, poco a poco, me van dejando. En cierto modo, les entiendo. No debe de ser agradable ver morir a un amigo. Probablemente yo no fuera capaz de sujetarle la mano a mi mejor amigo mientras él se retuerce de dolor postrado en una camilla de hospital. Preferiría disfrutar de mi familia, en mi casa, obviando mi impotencia.

     Por todo esto, y puesto que ya he vivido mi vida, ¿no tengo derecho a mi muerte? Pero a una muerte tranquila, durmiendo, o quizá viendo por última vez mi película favorita. Podría sonar de fondo algún tema de Jimmy Hendrix. El tema "Thank you for loving me (al pie de entrada)" de Bon Jovi también sería apropiado. No quiero, no aguanto, no puedo seguir padeciendo en silencio esta espera. Quiero conocer ya al joven Joe Black, quiero reencontrarme, si existe algo más allá, con Amanda y con Miguel. Quiero morir lo que me queda de vida.

     Solo, terminal, desolado... No digo para nada que todas las personas que se encuentren en esta situación tengan que morir. Puede que otras sepan disfrutar lo que les queda de vida. Pero, ¿no es lo más justo que sea cada uno el que decida? ¿Por qué la familia tiene mayor potencial de decisión sobre si la vida de un hijo, un padre o un hermano continúa o toca a su fin? Al fin y al cabo, la decisión de retirar o no el "soporte vital" de un paciente en coma reside en los familiares. Mi madre puede decidir si vivo o muero en una situación extrema, ¿pero yo no, suponiendo que me mantenga consciente?


     De una u otra forma, esto es cosa de cada uno (al igual que la decisión, llegado el caso). Afortunadamente, yo puedo disfrutar de una vida larga si algún ente superior omnipotente me lo permite. Aquellos que tenéis asignada una "fecha de consumo preferente", contad con mi absoluto apoyo moral si decidís luchar y vivir hasta el final. Si, por el contrario, preferís ahorraros la agonía, es probable, teniendo en cuenta que sin muerte, no hay vida, que vuestro país o Estado os niegue vuestro derecho a la vida.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Procura ser respetuoso; se puede discutir sin necesidad de usar mayúsculas u ofender.
Cualquier crítica (constructiva) será aceptada y bienvenida.
¿Alguna idea para próximas entradas? Se agradecen.

UA-51357685-1