Todos sentimos miedo. Algunos más, otros menos, pero toda persona siente miedo en algún momento a lo largo de su vida, de algo, de alguien. Pero, ¿es malo sentir miedo?
Para empezar, ¿qué es el miedo? Podemos decir que es un estado de alerta que adopta nuestro cuerpo ante un peligro, bien sea real (miedo real), o imaginario (miedo neurótico). Sabiendo esto, habremos de distinguir los dos tipos de miedo en cuanto a decidir si éste es bueno o, por el contrario, es malo.
Comencemos por el miedo neurótico. El miedo a los payasos, el miedo a la oscuridad, el miedo a los monstruos que se esconden en el armario, o debajo de la cama. Hay multitud de fobias cuyas definiciones comienzan con la oración "Miedo irracional hacia...". ¿Qué efectos tienen estos miedos en aquellas personas que los padecen? Una angustia atroz, insoportable, que puede derivar en dificultades respiratorias, incapacidad para desarrollar correctamente los pensamientos, parálisis, etc. Además, todas estas respuestas al estímulo producido por el miedo, serían mucho mayores si se presentara en su grado superlativo, el terror, pudiendo causar incluso la muerte.
Pasemos ahora al miedo real. Como he dicho, este miedo aparece ante una situación de peligro real, cualquiera que sea el carácter del peligro, desde la proximidad de un examen que no se ha estudiado suficientemente hasta un secuestro, un atraco o similares. ¿Qué ocurre con nuestro cuerpo en estas situaciones? Principalmente, que libera adrenalina. Podemos correr más deprisa. Podemos saltar más alto, y ser más fuertes que nunca, pues nuestro cuerpo se prepara para la lucha. Incluso pensamos con más agilidad. Ahora bien, éste miedo ha de ser controlado por quien lo padece, pues de la misma forma que el neurótico puede llegar a derivar hacia un profundo terror.
Teniendo en mente todo lo desarrollado hasta ahora, ¿es malo el miedo? Como absolutamente todo, es malo en exceso. Y "en exceso" incluye sentir miedo de manera irracional. Es malo sentir miedo hacia los payasos, hacia la oscuridad, o hacia los monstruos que habitan nuestro cuarto. Sin embargo, no es malo sentir algo de miedo, hacia una persona que lleva un rato tras nosotros en un callejón oscuro, o hacia un animal que aparece de entre los árboles mientras estamos de acampada, como no es malo que unos padres sientan miedo cuando una persona ha secuestrado a sus hijos, o que cualquier persona sienta miedo ante otra que le muestra una cuchillo mientras le reclama la cartera o el reloj.
¿Por qué? Porque es ese miedo lo que nos mantiene alerta. Como he dicho, es ese miedo lo que hace que la adrenalina fluya a través de nuestras venas para hacernos más fuertes, más rápidos, más listos. Y siendo esto así, ¿no es este miedo un superpoder, más que una debilidad? Que se prepare esa persona escondida en el callejón, que tenga cuidado el animal que habita en el bosque, y que tiemblen los secuestradores y atracadores, porque no hay nada más aterrador que una persona asustada.
Y para dar fin a esta erreflexión, quisiera emitir un aviso. Tened cuidado. Tened cuidado todos aquellos que tratáis de controlar a poblaciones enteras haciendo uso del miedo. Alertas rojas meteorológicas, virus capaces de grandes epidemias, calentamiento global, guerras lejanas. Tened cuidado, porque lo que creéis dominar como un instrumento de control para que desviemos la atención de vuestras acciones menos decorosas, puede volverse contra vosotros como nuestra mayor ventaja. Temed a una población asustada.
"Fear is a superpower"
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