lunes, 30 de marzo de 2015

Concienciarnos.

     Hoy quisiera hacer una entrada un poco más seria, y hablaros de dos cosas. La primera, el llamado Síndrome de Helfbour. La segunda, los medios de comunicación.
     Empecemos por el principio. El Síndrome de Helfbour, descubierto por Donald P. Helfbour, no es muy conocido. Es una de esas enfermedades que no conoces hasta que te tocan de cerca, o hasta que aparecen en la televisión a causa del padecimiento de algún hijo de un famoso. Pero también es un síndrome más común de lo que pensáis.

     Estadísticamente, el Síndrome de Helfbour afecta a uno de cada 200.000 niños en todo el mundo. Aunque su mortalidad directa es baja (sólo el 1% de los que lo padecen mueren a causa del propio síndrome), son muchas las muertes que se derivan de la enfermedad.

     Los síntomas que produce son simples y fáciles de identificar: en su día a día, las personas que padecen el síndrome, experimentan espasmos repentinos y aleatorios, en cualquier parte del cuerpo, aunque es más común que se dé en las extremidades. Estos espasmos hacen que los músculos a los que afectan se tensen, imposibilitando el movimiento voluntario de los mismos por parte del enfermo. Esto, mientras duermes, no supone el más mínimo problema, pero mientras manejas un taladro, o cruzas una carretera concurrida, por ejemplo, fácilmente puede suponer la muerte.

     Una vez dada a conocer la enfermedad, me gustaría pasar al segundo tema, los medios de comunicación. Con esto me refiero, principalmente, a los medios de comunicación de masas, o mass media, y el mensaje que quiero transmitiros sobre estos medios es claro: no hay que creérselos al pie de la letra. Aunque el reportero que desarrolle la noticia sea la persona más honrada que podamos conocer, no se ha de olvidar que la información es filtrada por un editor, que lo que busca es la atención del público y el crecimiento de su medio de información. Así pues, leáis lo que leáis, escuchéis lo que escuchéis, sed críticos con la información que os llega, y contrastadla con otros medios.

     Buscad, por ejemplo, "Síndrome de Helfbour" en Google. Probablemente el primer resultado sea esta misma entrada, o incluso el único, debido a un simple hecho: no hay nada de cierto en lo aquí escrito sobre tal enfermedad, que ni si quiera existe.

     Muchos estaréis pensando "Yo no me lo había creído", "Me esperaba este final" y cosas similares; no importa, autoengañaros si os hace sentir menos incómodos, pero haced una reflexión interna, y pensad: si yo, sin ningún tipo de influencia, he conseguido informaros falsamente sobre algo que ni tan si quiera existe, ¿qué no podrán hacer unos medios de comunicación reconocidos por millones de personas?

1 comentario:

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