La culpa es del todo mía, de eso no cabe duda. Empecé este blog con verdadera ilusión, y con una sincera intención de ser constante y llevarlo al día, de procurar escribir algo con relativa frecuencia. Pero ya has visto que soy absolutamente incapaz. No es que no me acuerde de ti, ni de escribirte. Sencillamente, no sé qué escribir. Me siento ante el ordenador, con la hoja de Blogger en blanco, y empiezo a escribir. Escribo sobre Descartes, sobre si el cuerpo es una posesión o no, y no me gusta, y la hoja vuelve a quedar en blanco. O, simplemente, me rindo y cierro el navegador, desilusionado y decepcionado conmigo mismo.
Para cuando estaba escribiendo esto, justamente éstas palabras, ya estaba pensando en borrarlo todo e irme a dormir. Hacía muchos años que mi "sueño" era ser escritor. Mis profesores elogiaban mi forma de escribir, mi redacción, mi ortografía. Pero algo falta. No tengo imaginación. La tenía, claro, cuando era niño. Pero se perdió en algún punto de mi infancia. Mi labor aquí resulta más sencilla cuando me condicionan a un tema, cuando alguien, en un acto de generosidad, me regala una idea. Con una idea principal en torno a la cual elaborar una entrada, todo va bien. Conque quisiera dar mil gracias a cualquier persona que en algún momento me haya regalado una idea, consciente o no del valor que ésta tenía.
Y me dirijo de nuevo a ti, persona, animal o cosa que me lee, porque quisiera darte un consejo: no infravalores una idea. Sea cual sea, no la infravalores. Si tienes una idea, apúntala, véndela, regálala o llévala a cabo, pero no dejes que tu idea se pierda en el olvido, porque, como con todo, se da el caso de gente a la que le faltan las ideas.
Podrías hablar sobre la amistad o de cosas que sean cercanas a ti aunque no des detalles
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